lunes, 10 de octubre de 2011


Para ser un déspota no se necesita apellido, tampoco poder. Para ser déspota se necesita actitud y creer que se tiene de poder.

El despotismo no es un sistema, es una actitud frente a quienes le rodean.

La democracia es una buena fuente de legitimidad para el que añora ejercer el despotismo.

Quiere ser importante: Por eso dice tener tantos amigos; Por eso dice tener tantos amigos famosos; por eso humilla a todo el que puede; por eso es inquisidor (como Torquemada) y bombardea con preguntas de leguleyo a sus humillados de turno. Se siente poderosa intimidando*




El cambio de género no es un accidente gramatical, sino una realidad que pretende explotar a diario.





Génesis y apocalipsis


Y todo era sed de venganza, y era natural, porque no sólo los más ineptos ocupaban los mejores cargos de poder, también los más arrogantes. A mi regreso a Colombia, se hizo la luz.

El profesor Mockus era una persona culta que no había encallado. ¿Quién si no él podía representarme? La Ola Verde no sólo era una altruista esperanza de cambio social, implicaba una esperanza personal, un proyecto de vida digno para mí mismo: un sueño remunerado.

Prediqué cual testigo de Jehová recién converso. Debo arrepentirme de mi fundamentalismo , pero no de mi ingenuidad, necesitaba creer.

Perdimos la elección, pero el proyecto seguía en pie. No habíamos fracasado, aunque en su momento creímos que había sido así. La hecatombe llegó cuando el político fusionó la empresa, y envió al ostracismo al académico. Adiós al sueño, para siempre. Yo quedé a la deriva (algo novedoso, porque hasta entonces sólo había encallado).

Fue así como todo terminó: comencé a trabajar, seguí remunerado, pero dejé de soñar, por lo menos con política. Habrá que buscar otro sueño remunerado, o por lo menos, una remuneración mejor.